Las últimas dos semanas he estado bajo mucho estrés, algunas veces no he sabido para dónde voltear y pareciera que todo lo que hago es insuficiente, comenzando por mi propio juicio. Pero después me doy cuenta de que todo pasa, y nada grave sucede, quizás esa es la razón por la que me confío.
Siempre he logrado sacar las cosas aún cuando están muy atoradas, y esa capacidad para solucionar y trbajar bajo presión me conduce a llevar siempre las situaciones al límite.
Hace unos días viajé a Monterrey y Guadalajara. El primer avión casi lo pierdo, gracias a mi ángel (mi Papá) todo salió bien y llegué a Monterrey, pero no era suficiente el riesgo así que al día siguiente perdí el vuelo a Guadalajara. No lo entendí hasta que alguien me dijo "te gusta vivir al límite!". Al principio dije: ay qué mamón! eso qué?. Pero luego lo pensé mejor y... me di cuenta que no era tan descabellado ya que yo había provocado en ambas ocasiones llegar corriendo al aeropuerto, al último momento, y poner en riesgo mi salida.
Muchas veceshago lo mismo, espero hasta el último momento para ponerme en acción, por qué? quizás porque sí me gusta la adrenalina que se desata, o por la emoción que me provoca estar al borde de lograrlo y al mismo tiempo de fracasar, o tal vez porque me mueve la emoción de tener todo en contra y aún así hacer que las cosas sucedan (aunque evidentemente no siempre me sale bien! ja). Es como la adrenalina que me provocaba cada punto en un partido, donde todo podía pasar, nada era seguro y a cada instante estaba al 100 provocando que lo que yo había visualizado segundos antes sucediera. La única diferencia es que ahí no era yo quien anotaba puntos en contra para después recuperarme y finalmente ganar el partido.
Qué irónico y hasta tonto puede parecer... Sin embargo, me gusta experimentarlo y llevarme, sí, al límite. Sólo requiero cuidar mi integridad. Ese es el foco ahora.
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